Corta el lazo del ultimo navío
lejos de inhóspitos reinos aislados,
permite alma mía
que el aliento de los ángeles
bese la blancura de mi barco en vela
y que mi casto oído ceda
el canto mortuorio de las bellas sirenas.
Naveguemos en el basto cielo,
un solitario amante hundido en el sopor de la noche,
brillemos como las estrellas en su resplandor austero
para besar a la luna vestida de oscuro terciopelo
que hoy se desnuda para ambos danzar
en la soledad de un afable anhelo.
Habrá que vestir nuestros hombros con alas de seda
y emprender el vuelo por encima de un mar de lagrimas
¡ vuela alma mía!
que nuestros recuerdos y penas se ahoguen
en este lejano cementerio de mis amadas animas.
Misterioso será el umbral que nos oculte
opaco tras el manto crepuscular en tinieblas
donde el deseo del inmortal se desvanece
por el sueño eterno de una ruin condena.
Alejaos de los seres cenicientos
deambulando en agonía con destellos de grandeza
calcinados por la luz estelar de un infinito abismo
en el que caen al desvanecer sus nombres,
alejaos de la humanidad y sus muertos sueños
realidad agobiada por incapaces fantasías del hombre…
Entonces las bestias sobrevivientes ante mi espada,
aun a bordo, recuerdos de vidas pasadas,
con lagrimas darán eternidad a un verso
mientras se precipitan al mar de un delirio
para enseguida ahogarse por un fútil beso.
Mi naufragio quedara abandonado,
yo y mi alma por siempre en desprecio
gritaremos en la soledad del vacío absoluto
letanías de desesperación y esperanza
que murmuraran los vientos moribundos
disueltos bajo lagrimas de añoranza.
Sueña delirio mío,
ama el primor de la vida mas que nunca,
pinta la belleza en lienzos de inocentes fantasías
que la tétrica melodía aun no termina…
solo canta y has que mi mirada duerma
y los viejos lamentos los oculte el silencio
entonces será cuando llegaremos a tierras
donde el furor de la navaja no sangre su nombre…
mi bella y siempre amada… mi eterna dama.